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La confianza bajo llave

27 August, 2010

No esperes que la emoción te haga llorar con las lineas escritas por un servidor. Hoy no. ¿Por qué? Porque no me da la gana.

Un año y medio (diré mejor dos pues casi ya suman tres o un lustro con todas sus noches sin sus días) caminando sin la flor más torcida del jardín. ¿Echar de menos? ¿No es eso añorar el pasado? No miento si digo que las agujas del reloj giran en sentido correcto pero mentiría si no dijese que echarte de menos es un pecado en el que caigo a diario. ¿Querer? ¿No es eso crear una melodía perfecta con el sístole y el diástole de tu corazón? Cómo no voy a quererte; cómo voy a negar que me aferré a tus espinas hasta que el destino huyó tras haber avisado como un buen cobarde. Cómo no decir que ahora la distancia parece más sabia que todas las súplicas que entoné como un pájaro enjaulado y que no te quiero si no es detrás de la barrera que separa el amor y la amistad del olvido. El viento me ayudó a pasar página, ahora y contra mi voluntad, sólo siento algo de nostalgia por los recuerdos.

Hoy no quiero ser cortés y sí sincero, y si me sincero he de afirmar que una persona “de la p a la a” puede rebajarse hasta determinada altura pero, al mismo tiempo, no ha de perder su nivel; esto es, que una cosa es descender y otra enterrarme entre la mediocridad de los personajes y las caretas. ¡Qué penosa es la hipocresía! ¡Qué falsa tu locura! ¡Qué ambición al miedo de no ser nadie y correr tras el tren en el que viaja el resto como si el resto no fuese más que la parte despreciada de la operación! ¡Cuánto potencial echado a perder!

Sólo un patán se creería tantas falsas promesas, tantos te quieros sin convicción…  tantas mentiras y  tantas gilipolleces, perdónenme la osadía pero no es lo mismo hacerse el tonto que serlo, ya sabe usted de que hablo y sino se lo explico sin mayor inconveniente: mirar hacia otro lado no significa no haber visto los actos contra tu persona, callar no significa no haber oído y así sucesivamente en una interminable retahíla. ¡Qué simple tan bien maquillada! ¡Qué aurora tan muerta! Parece ironía que disfrute encontrándome, saludando o hablando con gente que no me conoce; que quiera encontrármelos, saludarle, hablar con ellos aunque no les conozca y que la menor reincidencia en nuestro encuentro sería fatal.

Maldigo y bendigo el dieciocho, el veintisiete o quién sabe. No tengo hermosas palabras que no me creo, simplemente tengo la razón y un corazón cansado de mentir y la puerta de la confianza cerrada con llave y nada de rencor y todo por delante.

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