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Y no miento

5 October, 2010

Era miércoles aquel martes trece cuando la lluvia no mojaba, el viento susurraba al oído y las farolas eran cientos de soles a lo largo de una alegre calle por lo triste que era. Era así y no miento. Las hojas secas de este otoño caían al suelo en pleno mayo, yo trataba de cogerlas al vuelo igual que intento recuperar tu abril, su treinta de febrero,  mi dos mil diez. Las flechas del reloj giraban como gira un borracho alrededor de la farola, los pájaros ladraban cantos de esperanza, la pasión era una gata en celo, una brisa que levantaba la falda al amor. Era así como te digo, mis pies cansados de caminar por el cielo saltaban de estrella en estrella, el mundo como una peonza se balanceaba como un elefante o dos o tres o cuatro sobre una fina tela de araña. Llovía hacia arriba, como todos los días, y los aviones, como también es de costumbre, cogían altura quedándose a escasos centímetros del océano. ¿Nunca has tenido un día así? Yo sí, y solamente te miento cuando digo que no lo hago. Mi imaginación es la cordura de un loco.

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