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Por si acaso

31 December, 2010

Jugar a reír de vez en cuando rompiendo con la tristeza, conciertos de melancolía, amistades que saben a gloria, manos que te guían entre la niebla, ¿problemas? Recuperables, mejor no hablar. Tomando aviones de esos que vuelan al norte con Hugo y pongamos que hablo de Irlanda, gente nueva cogiendo guaguas que te llevan a otros mares, último respiro y dejar el colegio con un discurso sin sentido pero con sentimiento, qué reflexiones las de Iván y el “puedes llegar a la gente con las palabras”, qué nuevos profesores tan amigos. Sonetos, poesía, bendita sea la santa palabra, un mar que no se cansa de correr, un destino que esquivar. Dieciocho años son desiciones difíciles, nueva etapa, nueva persona, cada vez mejor y más sensato. Cuatro ruedas que conducir, la bicicleta de siempre, otro verano, Don Joaquín Sabina y las mismas compañías que nunca he de cambiar. Amar y odiar el amor, subir y bajar la montaña rusa del ánimo, empezar al acabar las semanas, romper con todo y casi nada, verter las lágrimas del pecado. Soñar con los ojos bien abiertos, hacer que lean lo que escribo esperando que les sirva de algo, descubrir el placer del viaje en autobús y una cerveza, por favor. Y un café cada mañana, o dos, y un buenos días cada tarde y mirar a los lados al cruzar por si me atropella el futuro y escapar de mí mismo y volver al mismo sitio en el mismo tren y a la misma hora. Generalizar porque sí, faltar al respeto a los acordes de una guitarra sin dos cuerdas y con polvo, vencer al azar con las matemáticas y los tantos por ciento y la estrategia, jugarme el resto y ganar, jugarme el resto y perderlo todo, jugarme un bluff a la mala suerte, dejarse ver por ningún lado, hablar conmigo y no enterarme de nada. Perder la razón sin querer encontrarla, hacer equilibrios por la línea del miedo, dar pasos de gigante, regalar alguna broma, aborrecer el aburrimiento. Luchar para pagar lo que lucharon otros por mí, fiestas y vaivenes, amor y alevosía, veintinueve que es bisiesto y tráteme de tú. Porque el dos mil diez gris y triste no volverá más, porque anuncian mejoría en el clima de yo qué se qué, porque volverá a volar la ilusión, porque España despertará del letargo. Porque vale la pena disfrutar, porque negar la evidencia es perderte por los caminos más impíos, porque la imaginación salta murallas, porque venimos para hacer historia y aún no caminé bastante, por si acaso. Sólo son motivos para sonreír este dos mil once.

 

Feliz año nuevo.

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