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Parece que fue ayer

7 April, 2011

Nací el tres de un gélido enero
del año noventa y pocos
sin un pelo, ni de listo ni de tonto,
entre sonrisas, nieve y ninguna duda
en la bendita ciudad de Oviedo.
Parece – dicen – que fue ayer.
Desde luego y sin embargo, pasaron ya
algunos inviernos, menos primaveras
pero no pasó aún lo que tiene que pasar.

Caminé por senderos abruptos
casi impenetrables
y fui funambulista en las fronteras
que separan el ánimo de la pena
a mil kilómetros, al menos, de la gloria.
Siempre quise escapar y siempre me quedé
sin más motivos que no tener ninguno
con lo puesto, cuatro lágrimas y menos promesas
de esas que sólo se cumplen de vez en cuando
y que dan sentido a este ahora
tan sinsentido y tan loco.

Entre tanto ya vi el tiempo huir del miedo,
de los giros en círculo, de un eco ahogado
en las tinieblas de ningún sitio.
Qué reloj tan cobarde y sinvergüenza
con su tic-tac repelente y mi escepticismo.

Ya vi – y juro no ver más –
llorar a la inocencia
haciendo caso omiso de esperanzas
y de solsticios y de equinoccios y de alegrías
y vi más de lo que quise haber visto
y prometo no dejar de ver todavía.
Ya vi como se iban los que estuvieron
más por obligación que por amor.
Ya aprendí a andar con la cabeza alta.
Ya fui feliz también, ya levanté la falda a la vida,
ya anduve a gatas sabiendo caminar.
Ya soñé con Nueva York.

Ahora que siempre son las diez y media
y nazco cuando nace el sol al alba
entre duermevelas, legañas,
bostezos, buenos días y barrenderos
que dejan impoluta la bella ciudad
que nunca fue bella y mucho menos ciudad
pero que madruga cada vez más cada mañana
impaciente por quién sabe qué,
aquel tres de enero es cualquier día.
Ahora que vuelo, me arrastro y no sé qué soy
cuando vivo perdido dentro de un mundo
de imaginación y desconcierto,
dentro de una vorágine de fallos y aciertos,
reglas de tres mal hechas
y el discurso faltón del olvido,
ahora que todo es ya pretérito
y miro con buenos ojos al futuro,
se oye el viento como un río sin agua.

Destino, si no fueses tan cabrón
vendría a anidar en ti el porvenir
y el corazón respiraría tranquilo
y mañana sería mañana
y mejor no hablar de ilusión,
porque, destino, si no fueses tan cabrón
no serías tú mismo
ni yo vería lo que veo
contra voluntad, inocente y sumiso
en tus deseos que pocas veces son los míos. 

Pero no hay razón para tener miedo
aún queda mucho tiempo,
todo por delante
y bastantes cosas que perder.
Aún soy yo, aún me sorprendo por nada,
aún puedo respirar tranquilo,
aún el placer no murió de sed.

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One Comment leave one →
  1. Desi permalink
    7 April, 2011 22:05

    Como me gusta Sergio

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